No era raro ver gente corriendo desesperadamente en la hora pico. Precisamente por eso, no fue hasta que vio a alguien bajando apresuradamente las escaleras cuando sintió que algo iba mal.
Cuando esa persona golpeó su hombro, su cuerpo se inclinó hacia atrás pesadamente. Entonces, entró en pánico cuando, al no lograr sujetar nada con su mano, que desesperadamente extendió, su cuerpo cayó al vacío.
«¿Así es como moriré? ¿Justo así…? ¡No quiero morir!»
Su cuerpo cayó por las escaleras y se estrelló contra el suelo. Sintió un dolor punzante explotar en su cabeza y extenderse por todo su cuerpo. Entonces, miró a la persona que había chocado con ella con ojos borrosos, pero ésta solo evitó sus ojos.
Pudo ver a un par de hombres que desviaban la mirada tratando de evitarla como si nada hubiera pasado.
—¡Ambulancia! ¡Llamen a una ambulancia!
—¿Quién es?
—La mujer cayó por las escaleras…
Las fuertes voces a su alrededor se oían cada vez más lejos. Se desesperó al ver que su visión borrosa se volvía más y más oscura; se estaba sumergiendo en la oscuridad absoluta.
«No quiero morir… No quiero morir, ¿quién querría morir? Es injusto».
Fue tan frustrante que sintió ganas de volverse loca. Pero su cuerpo, traicionando su voluntad, se enfrió lentamente.
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¡Puaj!
Tembló y respiró hondo por primera vez, como si se hubiera ahogado en el agua y hubiera salido apresuradamente a la superficie. Cuando abrió los ojos y aspiró, el rostro de alguien, que estaba llorando, se iluminó.
—¡Señorita!
—Hah, hah, hah…
La gente se reunió a su alrededor, mientras respiraba con dificultad. Frunció el ceño al darse cuenta de que estaba acostada en una cama blanda. A primera vista, el interior parecía lejos de ser el de un hospital.
«¿Perdí la cabeza en el metro…?»
Lo único que recordaba era haberse desvanecido en las escaleras del metro. Parpadeando, suspiró, dándose cuenta de que sus ojos estaban bastante hinchados, como si hubiera estado llorando.
—¡La señorita se ha levantado!
Alguien que salió de la habitación gritó, emocionado. Al escuchar eso, pensó que algo estaba mal con la situación.
«¿Qué, señorita?»
Además, eran palabras vagas y respetuosas, y, por otro lado, las lágrimas de emoción se derramaban a su alrededor…
«¿Eh? ¿Qué es ese atuendo? ¿Drama histórico extranjero? ¿Edad media?»
Los ojos de Da-Jeong se abrieron de par en par cuando vio a las mujeres con trajes de sirvienta, que solo se podían ver en la Edad Media. Había jóvenes sollozando. Algo extraño estaba pasando.
La habitación, a la que había echado un vistazo, la cama en la que estaba acostada… era el dormitorio de un noble, no podía creerlo.
«¿Qué es esto?»
Había una idea corriendo por su mente. Las novelas románticas y fantásticas que leyó en el metro, mientras viajaba, pasaron por su mente como un torbellino.
«¿Estoy dentro de un libro?»
En el momento en el que se dio cuenta, los ojos de Da-Jeong se abrieron como platos. Su cuerpo, ya debilitado, no pudo soportar el impacto de la realidad y se desmayó.
Los empleados, que estaban derramando lágrimas de alegría al verla, se sorprendieron.
—¡Señorita! —Gritaron.
Pero Da-Jeong no volvió a abrir los ojos, al menos hasta después de un par de horas.
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—¡Esa niña malagradecida!
Al enterarse de la noticia, el Marqués de Montague rechinó los dientes. Hacía una hora que el mensajero le había informado de la muerte de su hija. El Marqués temía más las consecuencias, que la pérdida de su hija.
Se suponía que su hija, Celia, se casaría con el Duque Leonis Cardian el día de hoy, y ya era casi hora de llevarla al carruaje.
De hecho, Celia ya tenía otro prometido preparado, pero no sirvió de nada.
El Emperador, para evitar ser maldecido, le dio permiso al Duque de Cardian de casarse con quien quisiera. Y Celia fue elegida por Leonis usando esa autoridad.
Él la había visto en un salón de baile, y, aunque sabía que ella ya tenía un prometido, no se había separado de ella en todo el banquete.
Sin embargo, el Marqués no creía que ese demonio manchado con sangre se hubiera enamorado a primera vista, pero no podía negar que quería a Celia.
Leonis declaró, entonces, que quería a Celia Montague, por lo que, el Emperador rompió el compromiso de Celia y le ordenó que se casara con Leonis. Pero, aunque el compromiso de Celia era político, ambos estaban enamorados.
Al menos, por parte de Celia.
Al parecer, Celia había propuesto que se escaparan porque no quería casarse con Leonis, y Fabian, su ex prometido, había pospuesto su respuesta hasta hoy, cuando, finalmente, le había enviado una carta con su respuesta.
Fue porque temía que Celia huyera sola, por lo que lo había hecho. Después de todo, eso hubiera sido un problema para su ex prometido, pues la responsabilidad hubiera recaído en él.
Pero, antes que ella, el Marqués recibió la carta y, tras leer las exhaustivas excusas que venían en ella, se la entregó a su hija. Como se trataba de una carta de rechazo, pensó que disuadiría a Celia.
Pero Celia, que leyó la carta, se suicidó tomando veneno.
Al contrario de sus expectativas, no se había rendido y accedido a casarse, sino que había renunciado a su vida.
El Marqués estaba enojado, pero tenía más miedo que eso. Si le hubiera informado al Duque de Cardian sobre esto, se hubiera enfurecido y matado a toda su familia.
No importa cuán enojado estuviera el Emperador, no podía dañar al Duque de Cardian. Tenía miedo de su poder, pero, más que eso, temía que, si cometía un error y el Duque moría, la maldición del Duque sería transferida a la familia imperial.
La maldición de la sangre.
En realidad, estaba dirigida a la familia imperial, no al Duque de Cardian. Se sabía que, si el duque de Cardian moría sin dejar descendencia, la maldición se transferiría a la familia imperial.
Es por eso, por lo que el Emperador concedía al Duque de Cardian todo cuanto quisiera.
El Marqués Montague, al que se le informó del suicidio de Celia, sufrió en gran manera. Incluso pensó en enviar a su otra hija, Lily, a cambio…
Pero Leonis ya conocía la cara de Celia. El truco no iba a funcionar.
Justo cuando estaba temblando de miedo, el informe llegó de nuevo.
Se decía que Celia, a quien habían dado por muerta, había vuelto a la vida. Sin embargo, también se informaba de que esta vez había perdido el conocimiento debido a que su estado no era bueno.
—¡No podemos detener la boda! De cualquier manera, ¡despiértenla y vístanla! ¡La seguridad de la familia está en juego!
Al grito del Marqués de Montague, los sirvientes inclinaron la cabeza en silencio.
Bebió veneno; murió una vez y volvió a la vida, por lo que necesitaría recuperarse, pero el Marqués parecía planear enviarla al Duque de Cardian de inmediato.
No podían evitarlo, aunque les diera lástima, debían seguir las órdenes del Marqués de Montague.
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Estaba inconsciente, pero todavía respiraba. Levantaron cuidadosamente a la débil niña, lavaron su cuerpo, la vistieron y la arreglaron. Entonces, Celia recuperó la consciencia, confundida, mientras la maquillaban.
—¿Dónde estoy…? ¿Por qué yo…?
—Aguante, señorita.
Phoebe, la doncella, se tragó las lágrimas. Celia miró a su alrededor como si ni siquiera la reconociera. Mientras, ellas tuvieron especial cuidado de no decir nada relacionado con la boda, por si irritaban a Celia.
«¿Puedo llevarla así? ¿Y si se desmaya en la ceremonia?»
Su media hermana, Lily, muy encariñada con Celia, fue encerrada en un almacén siguiendo el mandato de la segunda esposa del Marqués, Ramona Montague.
Incluso si era un matrimonio no deseado, era la boda de su hija, así que no quería que nadie interfiriera.
Sin embargo, aunque ella misma lo había ordenado, Ramona tampoco asistiría a la boda. Fue porque su futuro yerno, Leonis Cardian, no le agradaba.
Aunque la boda se celebraría bajo las órdenes del Emperador y con el consentimiento del Marqués, Ramona solo culpó a Celia, como si hubiera sido su decisión.
—Si realmente no te gustaba, ¡deberías haberte ganado el corazón del Príncipe Heredero en su lugar!
Al grito de Ramona, Celia siempre mantenía la boca cerrada e inclinaba la cabeza, pues la coacción de Ramona no sucedió solamente uno o dos días. Esto era porque estaba frustrada al saber que no importaba lo que dijera, no cambiaría nada.
La mirada de Celia, que había estado mirando a su alrededor, se giró hacia el espejo. Era algo que ya había notado cuando despertó y se levantó de la cama.
Sabía que algo andaba mal con la forma en que su cabello llegaba hasta sus caderas.
«Esa es… ¿Quién es?»
El rostro de Celia palideció al ver a una hermosa mujer con el pelo de color rosa como el algodón de azúcar. Celia notó rápidamente que la forma que reflejaba el espejo era ella.
—¿Quién demonios soy?
Las criadas también se miraron, desconcertadas por la pregunta. Estaban pálidas y cansadas.
—Es usted, mi señorita, la hija del Marqués Montague, Celia Montague.
Mientras la criada decía esto con cara de miedo, Celia levantó la mano y se tocó la cara. El apellido “Montague” era algo que no podría olvidar, incluso si lo deseara.
Era el apellido de Romeo en Romeo y Julieta.
«Una novela rofan con el apellido Montague…»
Había una novela clasificada como +19 llamada “El Castillo del Confinamiento”.
Celia Montague era, aparentemente, la media hermana de Lily, quien se suicidó el día anterior a su boda después de recibir una carta con el rechazo de su ex prometido.
Era la hija de la segunda esposa del Marqués, Ramona, y la única persona que amaba a Lily Montague en la novela. Celia también fue quien le dio el nombre de Lily.
Por otro lado, Lily era una chica valiente, que había ido a ver al Duque de Leonis para pedirle que se responsabilizara de la muerte de Celia.
Leonis se dio cuenta, entonces, de que Lily también tenía el mismo poder que Celia, y decidió tomarla como novia en lugar de Celia.
Lily intentó vengarse de Leonis, pensando, equivocadamente, que el ex novio de Celia, Fabián, y el Duque se habían confabulado para enviarle una carta de rechazo a Celia.
Pero fue obra del Emperador.
«… porque Celia se suicidó el día de su boda».
Celia preguntó mirando a las sirvientas que la observaban con ojos asustados.
—¿Es hoy… mi boda?
No era una mirada cualquiera, ¿verdad? Era una mirada interrogativa. Las doncellas se sintieron aliviadas al pensar que no estaba tan distraída.
—Sí.
No dijeron que tenía que subirse al carruaje pronto porque tenían miedo de que se desmayara. Celia puso los ojos en blanco.
—El novio… ¿Leonis Cardian?
—Sí, señorita.
Phoebe respondió y miró a Celia a los ojos. Celia estiró su mano alrededor de su cuello. Dolía como si tuviera un dolor de garganta.
—Agua, por favor.
—Sí, aquí tiene, señorita.
Era una joven que se salvó gracias a la movilización de los médicos y curanderos del Marqués de Montague. El cuerpo se recuperó, pero la energía se estaba debilitando, por lo que la boda de hoy era imposible según el legislador.
«Nuestra niña… Lo siento… ¿El monstruo maldecido no podría haberte dejado sola?»
Cuando pensó en Celia, que intentó suicidarse, pero fracasó y tendría su primera noche con un cuerpo debilitado, sus ojos naturalmente se mojaron.
Glup
Mientras el agua corría por su garganta, sintió que apenas podía vivir.
Toc, toc.
El golpe en la puerta resonó en la habitación como un trueno. Celia apartó el vaso de agua y miró a su alrededor. Entonces, asintió mientras una de sus doncellas la miraba.
Se abrió la puerta y el sirviente miró a Celia y dijo.
—El carruaje del Duque ha llegado, y debe partir ahora.
Sonaba como si fuera una sentencia de muerte.
Traductora: LiSha
Correctora: Yopiti
Revisora: Zio
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